Me llamo Ema, soy una joven mujer de la zona sur del Gran Buenos Aires, vivo con mi marido en una humilde casa y trabajo en una casa de comidas rápidas.
Hace unos días siento que algo extraño me sigue, una especie de sombra oscura y siniestra, desde el trabajo y al llegar a mi casa se aleja. Parece que el calor del hogar y la luz lo ahuyentan.
Sin embargo, esta noche algo raro paso, la sombra está adentro de mi casa, entro con mi marido. Ya se comió al perro y a mi marido sólo quedamos el gato y yo que estamos encerrados en la pieza, la siento detrás de la puerta, sé que me encontró.
Escribo está carta para avisarle a mi familia y advertirles que una sombra tenebrosa existe y devora cualquier ser vivo.
Si están leyendo estas palabras es porque me comió a mi también.
Días más tardes la madre de Ema fue a visitarlos. Tocó el timbre y nadie salía, abrió la puerta con la llave de repuesto que tenía. El perro estaba sentado en el sillón junto a su dueño, muerto con un tiro en el pecho.
Ema estaba en la pieza acostada en la cama con un tiro en la cabeza.
El frasco de pastillas recetado por el psiquiatra permanecía intacto sobre la mesita de luz junto a un papel escrito con palabras ilegibles.
El gato miraba a su dueña desde el techo del placar y se relamía las pezuñas manchadas de sangre.
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