Estuve un año viviendo en Junin, los paseo por el parque y la laguna de Gomez me ayudaron a reanudar mi vida sentimental. Un día de septiembre llame a la empresa, como todos los meses, para darle las novedades a mi padre y me atendió Sofía. Me contó varios chismes de la oficina y me dijo al pasar que había nacido la bebe de Facundo, una hermosa gordita.
Me quede helada, el mundo se detuvo un instante y comencé a sentirme mareada. Sofía me pregunto si me sentía bien.
- Si- le respondí
- Ok- dijo- ¿por qué es entrecortada tu respiración?
- Por mi alergia- mentí- alguien debe haber prendido fuego las hojas secas y el viento mueve el humo hacía mi ventana.
- ¡Ah!- dijo
Hablamos un rato más y luego me comunico con mi papá. Le conté que en la sucursal de Junin las cosas marchaban bien, que este mes habíamos conseguidos clientes nuevos y que, por suerte, estábamos posicionando en el lugar. Me felicito y me dijo que si todo seguía marchando bien y la empresa seguía creciendo, a fin de año me trasladarían a Mar del Plata porque sus socios estaban interesados en ampliar el negocio y abrir nuevas filiales a lo largo de la provincia de Buenos Aires.
La noticia me sorprendió, por un lado, la idea de trasladarme al mar y estar cerca de la costa me encantaba pero por el otro lado, hacerme cargo de una nueva oficina era mucha responsabilidad y no sabía si estaba lista para eso. Debía asesorarme bien porque en Junin las cosas ya estaban encaminadas cuando llegue y tenía compañeros leales y trabajadores que peleaban a la par mía. En cambio, en Mar del Plata debía empezar todo de cero, o eso había dado a entender mi padre.
Pasaron los meses y a fin de año volví a la Ciudad de Buenos Aires (CABA) para pasar las fiestas con mis padres y visitar algunos amigos. Fui a la oficina a saludar a mis antiguos compañeros y me lo crucé a Facundo. Ese día estaba arruinado, tenía bolsas debajo de los ojos, ojeras negras y estaba muy delgado.
Sofía me comento que hacía unos días que no dormía bien porque la nena estaba con cólicos y además, estaba atravesando una crisis de pareja. La mujer sufría depresión pos- parto y le reprochaba todos los días su ausencia en el hogar y le pedía que renunciará o redujera las horas de trabajo para que pasará más horas con ellas.
Me quede anonada, me imaginaba que Facundo y su mujer estaban en su mejor momento, disfrutando de su beba, pero no ella estaba enferma y él estaba destruido. Cuando fui a la oficina de mi padre, me crucé con Facundo en la cocina. Le pregunte cómo estaba la beba.
- Bien- me dijo.
- Duerme bien- le pregunte.
- Más o menos- me dijo- me lo preguntas por mis ojeras.
- Si- le dije- ¿cómo están las cosas con tu mujer?
- Un poco mal, casi no hablamos. Discutimos por todo, no hay nada que la deje conformé- dijo- Vos, ¿Cómo estás?
- Bien, tal vez me trasladen a la filial de Mar del Plata- dije- Uds deberían tomarse unos días de vacaciones, el cambio de aire quizás ayude a la pareja
.
- Lo voy a pensar- dijo y se fue hacía su oficina.
Yo seguí mi camino, salude a mi papá y a los socios. Estuve un rato hablando con ellos sobre la nueva oficina y mi posible traslado y luego me dirigí hacía mi departamento.
Cuando entre me sentí como una extraña en mi propia hogar. El vacío y la soledad me agobio y me dieron ganas de adoptar un nuevo perro ya que Sansón había fallecido unas semanas antes de mi partida a Junin.
Limpié un poco la cocina y acomodé las cosas en mi pieza ya que pensaba quedarme un par de semanas antes de partir hacía nuevos rumbos. A eso de las 18, fui a comprar al super. Cuando volví, Facundo estaba en la puerta de mi edificio esperándome. Me pregunto si podíamos tomar un café y hablar un rato. Subimos, prendí la cafetera y nos sentamos en la cocina.
Mientras se hacía el café hablamos un rato del trabajo. Me preguntó si me habían trasladado.
- ¡Si!- respondí emocionada
- ¡Te felicito!- dijo- me alegro por vos porque sos buena compañera.
Serví el café y lo tomamos en silencio, ninguno dijo una palabra hasta que Facundo me pregunto si podía pasar la noche en mi casa. No quería volver a su casa, su mujer estaba cada vez peor, todo el tiempo lo atacaba y no lo dejaba descansar a la noche con sus constantes reclamos.
No sabía que decirle, quería decirle que si pues veía su rostro cansado y notaba la angustia en sus ojos, pero también sabía que complicaría las cosas. Me quedé en silencio y le respondí que primero íbamos a comer algo rico y después veíamos.
Freí un par de milanesas y preparé una ensalada de lechuga y tomate. Mientras comíamos, mirábamos la tele en silencio, antes de terminar de comer le dije que podía quedar a dormirse en el sofá cama del comedor. Busqué un juego de sábanas y preparé la cama.
A penas terminó la peli de acción protagonizada por Bruce Willis, nos fuimos a dormir. A eso de las 2, Facundo apareció en la puerta de mi pieza, le pregunté si sentía bien y me dijo que no podía
dormir. Le pregunté si quería tomar algo.
- No- dijo- ¿puedo dormir con vos?
- No- contesté y me levanté rápido, salí de la habitación y fui a la cocina a buscar un vaso de agua. Él me siguió de cerca, antes de llegar a la cocina me agarro por la cintura y me beso. Me llevo hasta al sofá cama y me acostó allí. Siguió besándome y acariciándome y con cada beso encendía mi deseo dormido. Hicimos despacio el amor, nada ni nadie nos apuraba, disfruté cada espacio de su cuerpo y él con cada penetración parecía desquitarse por los malos momentos de la vida. Terminamos juntos y nos quedamos dormidos abrazados.
Al otro día nos despertamos, Facundo se fue temprano, debía pasar por su casa para cambiarse la ropa e ir al trabajo. Yo me quedé un rato más en la cama, me quede dormida y soñé que vivíamos juntos y teníamos un bebe.
A eso de las 9 me desperté, me bañé, desayuné algo rápido y salí rumbo al refugio para buscar mi nueva mascota. Elegí un perro mestizo de tres años, llamado Titan, de tamaño mediano y que cojeaba de una pata. Llegamos a mi departamento y, al igual que Sansón, se acostó en el rincón cerca de la cocina.
Estuve unos días más en Buenos Aires, Facundo vino a verme un par de días, hacíamos el amor, cenaba conmigo y luego se iba a dormir a su hogar. Los primeros días de enero partí hacía Mar del Plata, un nuevo desafío me esperaba y eso me ponía feliz pero también estaba triste por mi alejamiento definitivo de Facundo.
miércoles, 27 de mayo de 2020
lunes, 25 de mayo de 2020
capitulo 4
Esa mañana me levanté cerca de las 7, me bañe y salí para el trabajo. Llegué a las 8 y me quede en el hall de entrada esperando al electricista. Un corto circuito en la sala de impresión había quemado las llaves térmicas del viejo edificio ubicado cerca del Obelisco, sobre la calle Viamonte.
Cerca de las 8:30 llego el electricista, debía cambiar la instalación eléctrica del segundo piso y las llaves térmicas de todo el edificio porque como eran de mala calidad se habían deteriorado con el paso del tiempo.
A eso de las 9 me dijo que iba a comprar lo que necesitaba para arreglar el problema. Baje a abrir la puerta del edificio ya que había dado el día tanto al personal de seguridad como a los empleados de la oficina.
La oscuridad de la oficina me llevo a pensar en lo ocurrido el día anterior. Facundo no sólo me había besado sino que me había invitado a salir. Si bien tenía ganas de estar, físicamente, con él, pensaba que, desde el punto de vista ético, no era correcto.
A las 11 el electricista volvió con todo lo necesario para reparar el desperfecto, cerca de las 18 termino el trabajo. Cambio no sólo los enchufes del segundo piso sino que además instaló llaves térmicas Siemmens que eran de mejor calidad para que no volviéramos a tener problemas.
Al otro día volvimos al ritmo habitual, a eso de las 13 cuando la oficina estaba casi vacía, Facundo vino a mi oficina a consultarme una duda que tenía sobre una balance que no terminaba de cerrarle. Esto le sirvió de excusa para robarme un beso y decirme que quería verme después del trabajo en el bar.
Me quede shockeada no sabía que hacer, por un lado quería ir a tomar un trago con él pero por el otro, sabía que podía ser peligroso para los dos. Tome la decisión de no pensar más en eso, tenía dolor de cabeza por todo el trabajo atrasado.
Llegada las 18, salí de mi oficina rumbo a mi hogar, el aire fresco y la caminata me hicieron cambiar de idea y fui al bar a encontrarme con Facundo. Él estaba allí, sentado en un rincón oscuro, alejado de las miradas curiosas de la gente.
Entre un poco asustada, tenía miedo de cruzarme con Sofía o Carlos o con algún otro compañero de trabajo pero no había nadie conocido. Me senté enfrente de Facundo, pedimos dos porrónes de cerveza Quilmes y una picada porque ninguno de los dos habíamos almorzado nada.
Estuvimos casi una hora hablando, él me dijo que iba a estar solo todo el fin de semana y me pregunto si tenía planes.
- No-le respondí- voy a estar todo el finde en mi casa, limpiando y acomodando mi pieza.
- ¡Que aburrida!-dijo- ¿No te gustaría salir un rato? ¿Podríamos ir hasta Luján y pasar el finde ahí?
- Me encantaría- contesté- pero no tengo con quien dejar a Sansón.
- Podemos llevarlo, conozco un lugar donde aceptan animales- dijo
- Ok, ¿viajamos el viernes a la noche o el sábado?- pregunté
- El viernes, tipo 21 te paso a buscar por tu departamento.
Terminamos la cerveza y la picada y salimos. Me llevo hasta mi casa y me dio un beso apasionado de despedida.
La semana transcurrió tranquila, cada tanto nos escapábamos para vernos y darnos un beso a escondida. Llego el viernes, a las 18 termine mi trabajo y me fui a mi casa. Preparé un bolso con una muda de ropa y otro con las cosas del perro. A las 21, Facundo paso por mi departamento, cargamos todo en el auto y salimos rumbo a Luján.
Cerca de las 22 llegamos a la posada, era un lugar tranquilo y discreto. Tenían para alquilar habitaciones y departamentos de un ambiente. Facundo había reservado un departamento.
Entramos, Sansón se acomodo en el rincón cerca de la cocina mientras nosotros acomodábamos la cosas en el dormitorio.
Cenamos algo ligero y nos acostamos. Al principio, me dio vergüenza acostarme en camisolín al lado de un hombre que apenas conocía pero la oscuridad y el deseo me hicieron perder el miedo. Facundo se acerco dulcemente, me abrazo y me acaricio primero los brazos y luego los senos.
Al mismo tiempo que aumentaba el deseo, disminuía mi miedo y comencé a acariciar su miembro eréctil. Hicimos el amor suavemente como si fuera la primera vez de ambos y luego nos quedamos dormidos abrazados.
Nos despertamos temprano y volvimos a hacer el amor, está vez fue más largo y más salvaje, él me hizo sexo oral y me corrí en su boca. Luego del sexo salimos a desayunar y a caminar con Sansón.
A la tarde fuimos a recorrer la capilla de la Virgen de Luján y a recorrer los museos, compramos algunas chucherías y algo para comer.
Tipo 18, volvimos al departamento, Sansón estaba agotado de tanto caminar, se acostó en su rincón y no se volvió a levantar. Nos bañamos juntos y le hice sexo oral, me encanto sentir su miembro en mi boca. Facundo me dio vuelta y me penetro dulcemente, antes de terminar, saco su miembro eréctil y termino en mi boca, sentir su leche caliente recorrer mi garganta fue un placer. Me sentí realizada y satisfecha.
A las 20 me puse a cocinar pollo al horno con papas, comimos y nos acostamos a ver una peli de terror. Terminada la peli, volvimos a hacer el amor y otra vez nos dormimos abrazados. Llego el domingo, guardamos todas las cosas y nos preparamos para volver. Yo debía llegar tipo 17 a mi casa ya que a las 20 llegaba mi papá de la vacaciones y debía ir a su casa a recibirlo.
Salimos de Luján tipo 15 y a las 16:30 estábamos en la puerta del edificio, nos despedimos con un beso largo y me prometió que volveríamos a repetir la experiencia.
Estuvimos casi 1 año viéndonos a escondida hasta que un día Facundo anuncio en la oficina que iba a ser papá, su mujer estaba embarazada de tres meses y para completar mi buena racha mi papá me dio una excelente noticia, la empresa había inaugurado una sucursal en Rawson y debía trasladarme allí por un tiempo para controlar las cuentas.
Cinco días después de los anuncios partí hacía Rawson, sabiendo que nunca más iba a tener contacto con Facundo o eso creía...
Cerca de las 8:30 llego el electricista, debía cambiar la instalación eléctrica del segundo piso y las llaves térmicas de todo el edificio porque como eran de mala calidad se habían deteriorado con el paso del tiempo.
A eso de las 9 me dijo que iba a comprar lo que necesitaba para arreglar el problema. Baje a abrir la puerta del edificio ya que había dado el día tanto al personal de seguridad como a los empleados de la oficina.
La oscuridad de la oficina me llevo a pensar en lo ocurrido el día anterior. Facundo no sólo me había besado sino que me había invitado a salir. Si bien tenía ganas de estar, físicamente, con él, pensaba que, desde el punto de vista ético, no era correcto.
A las 11 el electricista volvió con todo lo necesario para reparar el desperfecto, cerca de las 18 termino el trabajo. Cambio no sólo los enchufes del segundo piso sino que además instaló llaves térmicas Siemmens que eran de mejor calidad para que no volviéramos a tener problemas.
Al otro día volvimos al ritmo habitual, a eso de las 13 cuando la oficina estaba casi vacía, Facundo vino a mi oficina a consultarme una duda que tenía sobre una balance que no terminaba de cerrarle. Esto le sirvió de excusa para robarme un beso y decirme que quería verme después del trabajo en el bar.
Me quede shockeada no sabía que hacer, por un lado quería ir a tomar un trago con él pero por el otro, sabía que podía ser peligroso para los dos. Tome la decisión de no pensar más en eso, tenía dolor de cabeza por todo el trabajo atrasado.
Llegada las 18, salí de mi oficina rumbo a mi hogar, el aire fresco y la caminata me hicieron cambiar de idea y fui al bar a encontrarme con Facundo. Él estaba allí, sentado en un rincón oscuro, alejado de las miradas curiosas de la gente.
Entre un poco asustada, tenía miedo de cruzarme con Sofía o Carlos o con algún otro compañero de trabajo pero no había nadie conocido. Me senté enfrente de Facundo, pedimos dos porrónes de cerveza Quilmes y una picada porque ninguno de los dos habíamos almorzado nada.
Estuvimos casi una hora hablando, él me dijo que iba a estar solo todo el fin de semana y me pregunto si tenía planes.
- No-le respondí- voy a estar todo el finde en mi casa, limpiando y acomodando mi pieza.
- ¡Que aburrida!-dijo- ¿No te gustaría salir un rato? ¿Podríamos ir hasta Luján y pasar el finde ahí?
- Me encantaría- contesté- pero no tengo con quien dejar a Sansón.
- Podemos llevarlo, conozco un lugar donde aceptan animales- dijo
- Ok, ¿viajamos el viernes a la noche o el sábado?- pregunté
- El viernes, tipo 21 te paso a buscar por tu departamento.
Terminamos la cerveza y la picada y salimos. Me llevo hasta mi casa y me dio un beso apasionado de despedida.
La semana transcurrió tranquila, cada tanto nos escapábamos para vernos y darnos un beso a escondida. Llego el viernes, a las 18 termine mi trabajo y me fui a mi casa. Preparé un bolso con una muda de ropa y otro con las cosas del perro. A las 21, Facundo paso por mi departamento, cargamos todo en el auto y salimos rumbo a Luján.
Cerca de las 22 llegamos a la posada, era un lugar tranquilo y discreto. Tenían para alquilar habitaciones y departamentos de un ambiente. Facundo había reservado un departamento.
Entramos, Sansón se acomodo en el rincón cerca de la cocina mientras nosotros acomodábamos la cosas en el dormitorio.
Cenamos algo ligero y nos acostamos. Al principio, me dio vergüenza acostarme en camisolín al lado de un hombre que apenas conocía pero la oscuridad y el deseo me hicieron perder el miedo. Facundo se acerco dulcemente, me abrazo y me acaricio primero los brazos y luego los senos.
Al mismo tiempo que aumentaba el deseo, disminuía mi miedo y comencé a acariciar su miembro eréctil. Hicimos el amor suavemente como si fuera la primera vez de ambos y luego nos quedamos dormidos abrazados.
Nos despertamos temprano y volvimos a hacer el amor, está vez fue más largo y más salvaje, él me hizo sexo oral y me corrí en su boca. Luego del sexo salimos a desayunar y a caminar con Sansón.
A la tarde fuimos a recorrer la capilla de la Virgen de Luján y a recorrer los museos, compramos algunas chucherías y algo para comer.
Tipo 18, volvimos al departamento, Sansón estaba agotado de tanto caminar, se acostó en su rincón y no se volvió a levantar. Nos bañamos juntos y le hice sexo oral, me encanto sentir su miembro en mi boca. Facundo me dio vuelta y me penetro dulcemente, antes de terminar, saco su miembro eréctil y termino en mi boca, sentir su leche caliente recorrer mi garganta fue un placer. Me sentí realizada y satisfecha.
A las 20 me puse a cocinar pollo al horno con papas, comimos y nos acostamos a ver una peli de terror. Terminada la peli, volvimos a hacer el amor y otra vez nos dormimos abrazados. Llego el domingo, guardamos todas las cosas y nos preparamos para volver. Yo debía llegar tipo 17 a mi casa ya que a las 20 llegaba mi papá de la vacaciones y debía ir a su casa a recibirlo.
Salimos de Luján tipo 15 y a las 16:30 estábamos en la puerta del edificio, nos despedimos con un beso largo y me prometió que volveríamos a repetir la experiencia.
Estuvimos casi 1 año viéndonos a escondida hasta que un día Facundo anuncio en la oficina que iba a ser papá, su mujer estaba embarazada de tres meses y para completar mi buena racha mi papá me dio una excelente noticia, la empresa había inaugurado una sucursal en Rawson y debía trasladarme allí por un tiempo para controlar las cuentas.
Cinco días después de los anuncios partí hacía Rawson, sabiendo que nunca más iba a tener contacto con Facundo o eso creía...
sábado, 23 de mayo de 2020
capítulo 3
El tiempo parecía transcurrir lentamente, hacía casi dos meses que Facundo y yo habíamos tomado un trago después del trabajo. Algunos días al mediodía nos sentábamos en el parque a comer algo y a descansar un poco del laburo. Por suerte, teníamos más trabajo pero menos problema con el cierre de las cuentas y los balances.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que llego el verano y mi padre se tomo unos días de vacaciones y nos dejo a Facundo y a mí a cargo de la empresa.
Los primeros días nos íbamos a las 18 como todo el mundo, nos despedíamos en la puerta del edificio y cada uno partía para su hogar. El cuarto día las cosas se complicaron, hubo que llamar a un electricista porque las térmicas empezaron a fallar, se cortaba la luz de todo el edificio y no podíamos trabajar con las computadoras.
Llamé a un electricista que me dijo que al mediodía iba a estar por ahí, eran las 14 horas y el electricista no aparecía. Volví a llamarlo y él me contesto que tipo 15 iba a estar por ahí. Llego cerca de las 16 puso como excusa que se le había complicado el trabajo que estaba haciendo pero no le creí porque tenía pinta de haber estado jugando un partido de fútbol con los amigos en la plaza.
El arreglo no era nada sencillo, había que cambiar todas las térmicas del edificio y eso iba a llevar tiempo. Facundo y yo nos quedamos hasta las 20 acompañando al electricista mientras revisaba la conexión eléctrica de todo el edificio.
Cuando salimos, Facundo se ofreció a llevarme a casa y acepté, estaba muy cansada para esperar el colectivo que a esa hora venía lleno de gente que salía del trabajo. Llegamos al edificio y le pregunte si quería subir a tomar algo. Al principio se negó, me dijo que era tarde pero luego de pensarlo un rato me dijo: - Ok, no hay nada de malo en tomar un café o un trago con un a compañera de laburo.
Subimos y mientras preparaba el café, Facundo recorría mi departamento acompañado de mi perro Sansón, un viejo collie que le costaba un poco caminar. Me pregunto por qué vivía sola en un departamento tan grande.
- Porque todavía no encontré un hombre con quien compartir mi vida y además me gustan los espacios grandes donde poder moverme con libertad- le dije- Vos, ¿no tenes ningún amigo para presentarme?
- No- contesto secamente.
Serví el café y nos sentamos en el sillón del living. Sansón se sentó entremedio de los dos, esa era su forma de protegerme de los extraños pero una vez que tomaba confianza o aprobaba la visita del intruso, mi perro se relajaba y se acostaba en su camita cerca de la estufa del comedor.
Mientras tomábamos el café hablamos del problema eléctrico de la oficina y del contratiempo que eso generaría a nuestro trabajo. Sansón aprobó a Facundo y se acostó a descansar en su lugar. Desde allí podía observarnos y controlar los movimientos de mi nuevo amigo.
La hora pasó rápidamente y le pregunte si quería quedarse a comer algo. Me dijo que si y encargue una pizza de muzzarella y una calabresa, cuando baje a buscar las pizzas, compré en el maxikiosco de abajo del edificio unas latas de cerveza Quilmes y unas de Coca- cola porque no sabía que tomaba Facundo.
Comimos tranquilamente y a eso de las 22 me dijo que tenía que irse que era tarde y que su mujer iba a preocuparse por él ya que se había olvidado de avisarle que iba a llegar tarde.
Bajé a abrirle y en el ascensor me robo un beso, fue algo mínimo y fugaz que volvió a repetirse en la puerta del edificio.
Luego del beso me dijo buenas noches y se marcho. Al llegar a su casa, me mando un mensaje, me agradeció por la comida y me dijo que le gustaría repetir la salida pero que esa vez sería en un restaurante.
Apenas leí el mensaje no sabía que responder, tenía miedo de meterme en un lío, lo pensé unos segundos y le conteste que si, que me encantaría.
Me fui a dormir temprano pensando en todas la cosas que tenía que hacer mañana, a las complicaciones típicas del trabajo se les sumaba el problema eléctrico del edificio y los besos con Facundo lo que haría de este un día largo y complicado pero bueno no me quedaba otra salida.
Todo parecía ir sobre ruedas hasta que llego el verano y mi padre se tomo unos días de vacaciones y nos dejo a Facundo y a mí a cargo de la empresa.
Los primeros días nos íbamos a las 18 como todo el mundo, nos despedíamos en la puerta del edificio y cada uno partía para su hogar. El cuarto día las cosas se complicaron, hubo que llamar a un electricista porque las térmicas empezaron a fallar, se cortaba la luz de todo el edificio y no podíamos trabajar con las computadoras.
Llamé a un electricista que me dijo que al mediodía iba a estar por ahí, eran las 14 horas y el electricista no aparecía. Volví a llamarlo y él me contesto que tipo 15 iba a estar por ahí. Llego cerca de las 16 puso como excusa que se le había complicado el trabajo que estaba haciendo pero no le creí porque tenía pinta de haber estado jugando un partido de fútbol con los amigos en la plaza.
El arreglo no era nada sencillo, había que cambiar todas las térmicas del edificio y eso iba a llevar tiempo. Facundo y yo nos quedamos hasta las 20 acompañando al electricista mientras revisaba la conexión eléctrica de todo el edificio.
Cuando salimos, Facundo se ofreció a llevarme a casa y acepté, estaba muy cansada para esperar el colectivo que a esa hora venía lleno de gente que salía del trabajo. Llegamos al edificio y le pregunte si quería subir a tomar algo. Al principio se negó, me dijo que era tarde pero luego de pensarlo un rato me dijo: - Ok, no hay nada de malo en tomar un café o un trago con un a compañera de laburo.
Subimos y mientras preparaba el café, Facundo recorría mi departamento acompañado de mi perro Sansón, un viejo collie que le costaba un poco caminar. Me pregunto por qué vivía sola en un departamento tan grande.
- Porque todavía no encontré un hombre con quien compartir mi vida y además me gustan los espacios grandes donde poder moverme con libertad- le dije- Vos, ¿no tenes ningún amigo para presentarme?
- No- contesto secamente.
Serví el café y nos sentamos en el sillón del living. Sansón se sentó entremedio de los dos, esa era su forma de protegerme de los extraños pero una vez que tomaba confianza o aprobaba la visita del intruso, mi perro se relajaba y se acostaba en su camita cerca de la estufa del comedor.
Mientras tomábamos el café hablamos del problema eléctrico de la oficina y del contratiempo que eso generaría a nuestro trabajo. Sansón aprobó a Facundo y se acostó a descansar en su lugar. Desde allí podía observarnos y controlar los movimientos de mi nuevo amigo.
La hora pasó rápidamente y le pregunte si quería quedarse a comer algo. Me dijo que si y encargue una pizza de muzzarella y una calabresa, cuando baje a buscar las pizzas, compré en el maxikiosco de abajo del edificio unas latas de cerveza Quilmes y unas de Coca- cola porque no sabía que tomaba Facundo.
Comimos tranquilamente y a eso de las 22 me dijo que tenía que irse que era tarde y que su mujer iba a preocuparse por él ya que se había olvidado de avisarle que iba a llegar tarde.
Bajé a abrirle y en el ascensor me robo un beso, fue algo mínimo y fugaz que volvió a repetirse en la puerta del edificio.
Luego del beso me dijo buenas noches y se marcho. Al llegar a su casa, me mando un mensaje, me agradeció por la comida y me dijo que le gustaría repetir la salida pero que esa vez sería en un restaurante.
Apenas leí el mensaje no sabía que responder, tenía miedo de meterme en un lío, lo pensé unos segundos y le conteste que si, que me encantaría.
Me fui a dormir temprano pensando en todas la cosas que tenía que hacer mañana, a las complicaciones típicas del trabajo se les sumaba el problema eléctrico del edificio y los besos con Facundo lo que haría de este un día largo y complicado pero bueno no me quedaba otra salida.
martes, 19 de mayo de 2020
diario de una relación prohibida
Capítulo 2
Me presente a trabajar como todos los días, la sonrisa cautivadora de Facundo ya no me atraía como al principio. La mañana empezó tranquila pero después del mediodía las cosas se complicaron y tuve que quedarme trabajando fuera de hora. Pensé que era la última en irme pero no, Facundo también se había quedado revisando unos balances que no cerraban.
Los dos coincidimos en el ascensor, estábamos agotados de renegar con las cuentas que no terminaban de cerrar. Al llegar al hall de entrada, nos despedimos pero dio la casualidad que íbamos caminando para el mismo lado.
En el camino pasamos por un bar y Facundo me pregunto si quería tomar algo para despejarme un poco. Le dije que si que necesitaba un trago para relajarme y olvidarme un rato de los números.
Estuvimos casi una hora en el bar, hablando del trabajo y de la vida. Él me contó que hacía casi tres años que se había casado con su novia de la facultad, que era muy feliz con ella y que estaba terminando de pagar el departamento donde vivían. Yo le conté que hacía muchos años que no tenía una relación seria y que vivía sola acompañada con un perro viejo.
Estábamos tan entretenidos con la charla que no nos dimos cuenta del paso del tiempo. Pagamos a media los trago y Facundo me llevo hasta mi casa porque era, según él, muy tarde para que una mujer volviera sola a su casa.
Nos despedimos en la entrada del edificio, le agradecí por la salida y le envíe saludos a la mujer. Subí a mi departamento y me preparé una cena liviana porque estaba cansada yno me sentía bien.
Luego de comer me acosté y me puse a mirar la tele. Me costaba dormir porque la cabeza me daba vueltas y vueltas, repasando una y otra vez la salida con Facundo. Me acordaba de su sonrisa encantadora, de sus ojos negros y sinceros y de sus manos grandes y segura. Además admiraba su pelo crespo de color negro y su piel morena y casi perfecta. Sin darme cuenta y sin buscarlo me estaba enamorando de un compañero de trabajo y para colmo casado.
Me puse a escuchar música para relajarme pero no podía dormir. Tipo 3 de la mañana logré conciliar el sueño y a las 7 ya estaba levantada. Mientras me duchaba me prometí alejarme de Facundo, no quería complicar las cosas en el trabajo y menos por una confusión mía. Además él estaba casado y era, según había dicho, feliz con su mujer.
Llegué a mi trabajo a las 9 de la mañana como siempre lo hacía, comencé por revisar las cosas que me habían quedado pendiente del día anterior. Antes del mediodía termine lo que me faltaba y me tomé un respiro.
Salí de la oficina en busca de un café y me crucé en el pasillo con Sofía, otra compañera de trabajo, nos pusimos hablar de la novela brasilera que daban en un canal de aire. Cuando llegue a la cocina me encontré con Facundo, trate de alejarme lo más rápidamente de allí para evitarme la confusión pero no pude hacerlo porque Carlos, otro compañero de trabajo, empezó a consultarme cosas del trabajo y no me dejaba salir.
Facundo estaba sentado, tomando un té digestivo porque anoche había comido algo que le había caído mal. Cuando Carlos se fue me pregunto si me sentía bien porque tenía cara de no haber dormido bien. Le dije que me sentía bien pero que a veces me costaba dormir porque me quedaba muy enganchada con los problemas del laburo.
Me reto y me dijo que nunca más volviera a dormir tan poco, me aconsejo que tomará un baño caliente y un té de tilo. Le agradecí la preocupación y le dije que la próxima vez iba a tener en cuenta sus consejos. Me serví la taza de café y me fui a mi oficina a seguir con el trabajo.
A eso de la 13:30 deje el trabajo a un costado y salí a tomar un poco de aire y a caminar un poco por el parque que estaba enfrente del edificio. En el camino me encontré con Sofía y Carlos que volvían de almorzar.
En el parque me compré un pancho con una gaseosa, hoy comería algo rápido grasoso para poder seguir trabajando. Me senté en una banca del parque y a los pocos minutos apareció Facundo que también había decido almorzar el parque.
Se sentó conmigo y mientras comíamos charlamos un poco. Facundo me contó que su mujer no era celosa que nunca le revisaba el celular y que jamás controlaba sus horarios de llegada.
¡Que bueno!, eso habla bien de vos- contesté. Él me pregunto si yo tenía problemas de salir a comer o al cine con un hombre casado.
- No, no tengo drama. Tengo muchos amigos casados con los que salgo a comer de vez en cuando y que me llaman o escriben por redes sociales para pedirme consejo- dije
Facundo sonrío satisfactoriamente , terminamos de comer y nos fuimos al trabajo.
Llegaron las 6 de la tarde, apagué la computadora y agarré mis cosas para salir, en el ascensor me crucé con Sofía, Carlos y Facundo. Llegamos a la planta baja y cada uno salió con rumbo a su hogar. Mañana sería otro día y la vida traería nuevas aventuras.
sábado, 16 de mayo de 2020
diario de una relación prohibida
Capítulo 1
Mi nombre es Celia y trabajo como administradora en la empresa de mi padre. Hace aproximadamente un año que trabajo allí y jamás me involucre con mis compañeros de oficina porque no me gusta mezclar el placer con el trabajo.
Soy una joven mujer soltera de casi treinta años, de mediana estatura y físico fibroso, me gusta hacer ejercicio y correr todas las tardes por la plaza.
Mi vida trascurría de manera tranquila hasta que una mañana mi padre me dijo que había contratado un contador nuevo. Un hombre joven, hijo de una vieja amiga de mi tía, que se había quedado sin empleo y que necesitaba trabajo ya porque tenía una familia que cuidar y alimentar.
Él se presento a las nueve en la empresa para hablar con mi padre y arreglar los últimos detalles del contrato. A las diez apareció mi padre en mi oficina junto con él, su nombre era Facundo, tenía 32 y hacía 6 años que se había recibido de contador público en una universidad pública.
Luego de la presentación formal mi padre lo dejó en mi oficina y me pidió que le enseñara la empresa y se lo presentara a los demás empleados.
Estuvimos casi una hora recorriendo el edificio de tres plantas, presenté a Facundo a todos los empleados y luego lo acompañé a su despacho privado, él ya sabía cual era su tarea y también sabía que si tenía alguna duda podía contar conmigo y con los demás encargados del área técnica y administrativa.
Cerca del mediodía, Facundo se acerco a mi oficina para preguntarme si teníamos horario para almorzar y también me pregunto si había algún lugar económico para comer. Le dije que a la una del mediodía solíamos tomar una pausa y comer algo.
Además le dije que había un bar en la esquina que tenía menúes económicos donde algunos iban a comer pero que la mayoría preferíamos poner dinero y pedir comida.
Facundo se sonrió y me dijo que era una buena idea y que quería participar así nos conocía un poco más. Sin darme cuenta esa sonrisa espontanea me eclipso.
A la una nos juntamos para comer las pizzas que habíamos pedidos, Facundo se sentó enfrente de mi y hablo con todo el mundo. Yo comencé a sentirme como una adolescente enamorada, me perdía en su mirada transparente y en su sonrisa sincera y aunque sabía que era un hombre casado y con hijos no podía dejar de sentirme atraída por él.
A las seis de la tarde la oficina quedó vacía, todos se habían marchados a sus hogares y yo seguía renegando con unas cuentas que no me terminaban de cerrar. A las seis y media decidí dejar todo ahí y marcharme a mi hogar, mañana volvería a empezar pero ya no estaría impactada por la imagen de Facundo o eso creía............................
viernes, 15 de mayo de 2020
Día 51 de encierro
15 de Mayo de 2020: Pasamos el mes de encierro y seguimos adentro. El gobierno argentino estiro la cuarentena hasta el 24 de Mayo y seguramente la seguirá estirando hasta que termine el invierno.
A veces me dan ganas de salir a la calle y romper la cuarentena, otras veces recapacito y me doy cuenta que es mejor estar adentro que salir y contraer el virus que ha causado estrago a nivel mundial con millares de muertos y en la Argentina hay más de 7 mil infectados y 353 personas fallecidas.
El corona- virus llego para quedarse y vamos a tener que aprender a convivir con él, ojala algún día encuentren la vacuna y podamos salir y relacionarnos como lo hacíamos antes del virus.
En algunas zonas de Argentina se han permitido las salidas recreativas pero en la provincia de Buenas Aires, más precisamente en el Gran Buenos Aires donde vivo yo, no porque sigue siendo alto el indice de contagio.
En mi barrio mucha gente sale a la calle sin barbijo y sigue con su vida normal como si el COVID- 19 no existiera, los chicos salen a la calle a jugar a la pelota y las madres toman mate en la vereda como si nada.
Si bien el Estado puso un número gratuito para denunciar a quienes violan la cuarentena nunca te atienden. Por eso la gente se cansa y no llama más. Entiendo que cada uno es responsable del cuidado de su vida y de los suyos pero salir a la calle sin tomar ninguna precaución no sólo es arriesgar su propia vida y la de su flia sino también es poner en peligro la vida de todas las personas que tienen contacto con ellos.
Para cerrar diré que muchas veces a mi me gustaría ser como esas personas y salir a vivir la vida loca como hacen ellos pero bue, mi salud me convierte en paciente de riesgo y sé que no la pasaría bien si contrajera el corona- virus así que prefiero quedarme en casa y cuidarme y proteger a los míos.
Mi marido y mis hijos perrunos son todo para mi y aunque a veces el encierro se hace difícil de mantener es la mejor opción a estar muerto o internado en un hospital sin poder ver a nadie, conectado a un respirador sin saber que va a pasar.
#Quedateencasa.
A veces me dan ganas de salir a la calle y romper la cuarentena, otras veces recapacito y me doy cuenta que es mejor estar adentro que salir y contraer el virus que ha causado estrago a nivel mundial con millares de muertos y en la Argentina hay más de 7 mil infectados y 353 personas fallecidas.
El corona- virus llego para quedarse y vamos a tener que aprender a convivir con él, ojala algún día encuentren la vacuna y podamos salir y relacionarnos como lo hacíamos antes del virus.
En algunas zonas de Argentina se han permitido las salidas recreativas pero en la provincia de Buenas Aires, más precisamente en el Gran Buenos Aires donde vivo yo, no porque sigue siendo alto el indice de contagio.
En mi barrio mucha gente sale a la calle sin barbijo y sigue con su vida normal como si el COVID- 19 no existiera, los chicos salen a la calle a jugar a la pelota y las madres toman mate en la vereda como si nada.
Si bien el Estado puso un número gratuito para denunciar a quienes violan la cuarentena nunca te atienden. Por eso la gente se cansa y no llama más. Entiendo que cada uno es responsable del cuidado de su vida y de los suyos pero salir a la calle sin tomar ninguna precaución no sólo es arriesgar su propia vida y la de su flia sino también es poner en peligro la vida de todas las personas que tienen contacto con ellos.
Para cerrar diré que muchas veces a mi me gustaría ser como esas personas y salir a vivir la vida loca como hacen ellos pero bue, mi salud me convierte en paciente de riesgo y sé que no la pasaría bien si contrajera el corona- virus así que prefiero quedarme en casa y cuidarme y proteger a los míos.
Mi marido y mis hijos perrunos son todo para mi y aunque a veces el encierro se hace difícil de mantener es la mejor opción a estar muerto o internado en un hospital sin poder ver a nadie, conectado a un respirador sin saber que va a pasar.
#Quedateencasa.
lunes, 11 de mayo de 2020
Simón y su obsesión por los libros
Simón era un hombre joven y solitario cuya pasión era comprar novelas de suspenso y terror.
Todas las mañanas antes de salir a trabajar revisaba que la biblioteca estuviera limpia y acomodada por orden alfabético. Si alguien tocaba sus libros debía colocarlos en su lugar sino Simón se enfadaba muchísimo.
Esta obsesión y meticulosidad fueron apartándolo de los amigos que no entendían su actitud y su reacción violenta cuando alguien tocaba sus libros.
No sólo a la mañana revisaba la biblioteca, todas las noches la limpiaba y la supervisaba. Controlaba que todos sus libros estuvieran en su sitio.
Sin embargo, una noche algo cambio, faltaba un libro que no aparecía por ningún lado, nadie lo había tomado y nadie había entrado y él no lo había sacado para leer.
¿Dónde estaba la novela? se preguntaba una y otra vez Simón pero no podía responderse. Busco por toda la casa y no lo encontró. Llamo a los pocos amigos que tenía y nadie tenía la novela.
Pasaban las horas y el libro no aparecía y en un rapto de furia y dolor tomo un hacha y rompió toda la biblioteca y quemó todos los libros y fue ahí cuando recordó donde estaba la novela, la había dejado en la oficina, la había llevado allí para que un librero amigo se la repara.
Todas las mañanas antes de salir a trabajar revisaba que la biblioteca estuviera limpia y acomodada por orden alfabético. Si alguien tocaba sus libros debía colocarlos en su lugar sino Simón se enfadaba muchísimo.
Esta obsesión y meticulosidad fueron apartándolo de los amigos que no entendían su actitud y su reacción violenta cuando alguien tocaba sus libros.
No sólo a la mañana revisaba la biblioteca, todas las noches la limpiaba y la supervisaba. Controlaba que todos sus libros estuvieran en su sitio.
Sin embargo, una noche algo cambio, faltaba un libro que no aparecía por ningún lado, nadie lo había tomado y nadie había entrado y él no lo había sacado para leer.
¿Dónde estaba la novela? se preguntaba una y otra vez Simón pero no podía responderse. Busco por toda la casa y no lo encontró. Llamo a los pocos amigos que tenía y nadie tenía la novela.
Pasaban las horas y el libro no aparecía y en un rapto de furia y dolor tomo un hacha y rompió toda la biblioteca y quemó todos los libros y fue ahí cuando recordó donde estaba la novela, la había dejado en la oficina, la había llevado allí para que un librero amigo se la repara.
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