Capítulo 1
Mi nombre es Celia y trabajo como administradora en la empresa de mi padre. Hace aproximadamente un año que trabajo allí y jamás me involucre con mis compañeros de oficina porque no me gusta mezclar el placer con el trabajo.
Soy una joven mujer soltera de casi treinta años, de mediana estatura y físico fibroso, me gusta hacer ejercicio y correr todas las tardes por la plaza.
Mi vida trascurría de manera tranquila hasta que una mañana mi padre me dijo que había contratado un contador nuevo. Un hombre joven, hijo de una vieja amiga de mi tía, que se había quedado sin empleo y que necesitaba trabajo ya porque tenía una familia que cuidar y alimentar.
Él se presento a las nueve en la empresa para hablar con mi padre y arreglar los últimos detalles del contrato. A las diez apareció mi padre en mi oficina junto con él, su nombre era Facundo, tenía 32 y hacía 6 años que se había recibido de contador público en una universidad pública.
Luego de la presentación formal mi padre lo dejó en mi oficina y me pidió que le enseñara la empresa y se lo presentara a los demás empleados.
Estuvimos casi una hora recorriendo el edificio de tres plantas, presenté a Facundo a todos los empleados y luego lo acompañé a su despacho privado, él ya sabía cual era su tarea y también sabía que si tenía alguna duda podía contar conmigo y con los demás encargados del área técnica y administrativa.
Cerca del mediodía, Facundo se acerco a mi oficina para preguntarme si teníamos horario para almorzar y también me pregunto si había algún lugar económico para comer. Le dije que a la una del mediodía solíamos tomar una pausa y comer algo.
Además le dije que había un bar en la esquina que tenía menúes económicos donde algunos iban a comer pero que la mayoría preferíamos poner dinero y pedir comida.
Facundo se sonrió y me dijo que era una buena idea y que quería participar así nos conocía un poco más. Sin darme cuenta esa sonrisa espontanea me eclipso.
A la una nos juntamos para comer las pizzas que habíamos pedidos, Facundo se sentó enfrente de mi y hablo con todo el mundo. Yo comencé a sentirme como una adolescente enamorada, me perdía en su mirada transparente y en su sonrisa sincera y aunque sabía que era un hombre casado y con hijos no podía dejar de sentirme atraída por él.
A las seis de la tarde la oficina quedó vacía, todos se habían marchados a sus hogares y yo seguía renegando con unas cuentas que no me terminaban de cerrar. A las seis y media decidí dejar todo ahí y marcharme a mi hogar, mañana volvería a empezar pero ya no estaría impactada por la imagen de Facundo o eso creía............................
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