martes, 15 de septiembre de 2020

parte 2

Pasado un mes de la primera cita, Susana y Fernando arreglaron para encontrarse nuevamente en un restaurante de Palermo, un tanto alejado del trabajo para no toparse ni despechar sospechas con sus compañeros de trabajo. 

Se encontraron un sábado cerca de las 21 horas en la esquina de Las Heras y Scalabrini Ortiz desde allí fueron caminado hasta el restaurante que quedaba cerca. La cena transcurrió de manera tranquila, el lugar era muy agradable, había una amplia variedad de platos para elegir y el servicio era excelente. Hablaron de todo un poco, de música, cine, deportes y amores pasados. Fernando le pregunto a Susana por qué estaba sola.

- Porque no tengo suerte con los hombres- dijo ella

- ¡De en serio!- respondió Fernando asombrado

- Si- dijo secamente- todos los hombres con los que he salido buscaban algo casual y como yo no quería compromiso,  disfrutaba el poco tiempo que pasaba con ellos.

- Yo tampoco tuve una relación seria pero ahora me gustaría estar con una mujer bella, madura e inteligente como vos.

Susana se sonrojo y no supo que contestar y por eso se quedo callada pensando que decir. 

Terminada la cena se fueron a caminar al parque Las Heras que estaba cerca de ahí, compraron un helado y se sentaron bajo la luz de la luna a comerlo. Después de terminarlo se fueron a caminar por el parque y en el momento menos pensado Fernando tomo de la mano a Susana y le dio un beso francés que la dejo muda. Ese gesto inesperado del muchacho produjo cosquillas en el estómago de ella y una especie de hormigueo le recorrió todo el cuerpo.

Con el correr de los días la relación entre ellos se fue afianzando y ambos decidieron blanquear su relación en el trabajo. Esta era más que evidente para todos sus compañeros que ya se habían dado cuenta por las caritas felices de ambos y además por como los dos se decían cosas a través de una simple mirada.

Lo que nadie sabía era que un antiguo amor de Susana volvería a su vida. Hacía años que no veía ni sabía nada de Arturo, un hombre casado que había conocido hacía muchos años en la oficina y con quien había mantenido una relación casual llena de fuego y locura. Un momento de pasión con él era tocar el cielo con las manos.

Arturo era un hombre maduro de pelo negro y un cuerpo musculoso, fruto de largas horas en el gimnasio. Este era un gran amante sabía como seducir y amar a una mujer así como también sabia como hacer que ella llegara al máximo placer.

viernes, 11 de septiembre de 2020

amar es para siempre

 1


Amar, amar, amar eso se repetía una y otra vez Susana, una joven mujer de más de treinta años que sólo quería ser amada y amar a alguien, a algún hombre capaz de entenderla y respetar su soledad.

A pesar de ser una joven adulta aún no había podido disfrutar del amor verdadero, sólo había tenido relaciones casuales con hombres casados y solteros que no habían querido ni buscado una relación a largo plazo.

Todas sus amigas y conocidas estaban en pareja o habían experimentado la aventura del amor pero ella todavía se mantenía alejada de eso porque pensaba que la vida era algo mas que casarse y tener hijos. No obstante, a los treinta y tantos se había dado cuenta que tal vez seria lindo conocer un hombre que la cuidara y respetara, que pasara tiempo con ella  y compartiera sus gustos pero todavía no habita llegado. 

La vida sólo le presentaba hombres casados que querían tener sexo y nada más, sexo placentero y excepcional pero nada más. Todo se reducía a un intercambio de fluidos corporales.

Sin embargo, una tarde de otoño todo cambiaría para Susana sin que ella lo supiera.  En la oficina donde trabajaba conoció un hombre joven y simpático que había empezado a laburar hacia dos meses. Siempre se lo cruzaba en los pasillos y se saludaban con timidez pero un día, Fernando, la invito a tomar un café en el bar de la esquina. 

Si bien, ella creía que no se mezclaban el amor con el trabajo, acepto la invitación sin dudar. Fernando parecía ser un hombre agradable y además necesitaba desenchufarse un poco de la locura del trabajo.

Se encontraron en la cafetería que estaba sobre Santa fe cerca de Callao, la oficina donde trabajaban estaba cerca de la 9 de Julio. Fernando pidió un cortado y Susana una lagrima. Al principio la charla fue poco fluido por los nervios, hablaron del trabajo y de lo difícil que era trabajar sin sistema pero con el correr de los minutos la charla se hizo más amena y hablaron de todo un poco. Estuvieron un buen rato en el café hasta que Susana le dijo que tenía que irse que era muy tarde

-Uh, disculpa-dijo Fernando- no me di cuenta de la hora. Seguramente tu novio o marido 

 se va a preocupar porque todavía no llegaste- pregunto con disimulo.

-Vivo sola- contesto Susana- y vos tenes alguien que te espere?

-No también vivo solo. Bah, en realidad vivo con Blackie, mi gato- dijo sonriendo

- Yo vivo con Sultán, mi  perro.

Ambos sonrieron tímidamente al darse cuenta que ninguno tenía pareja.

Antes de despedirse, Susana y Fernando intercambiaron sus  números de celular y quedaron en volverse a ver pero en un lugar más intimo donde pudieran charlar sin ser observados por las miradas curiosas de sus compañeros de trabajo que estaban atentos a cada uno de los movimientos que hacía cada uno.