Pasado un mes de la primera cita, Susana y Fernando arreglaron para encontrarse nuevamente en un restaurante de Palermo, un tanto alejado del trabajo para no toparse ni despechar sospechas con sus compañeros de trabajo.
Se encontraron un sábado cerca de las 21 horas en la esquina de Las Heras y Scalabrini Ortiz desde allí fueron caminado hasta el restaurante que quedaba cerca. La cena transcurrió de manera tranquila, el lugar era muy agradable, había una amplia variedad de platos para elegir y el servicio era excelente. Hablaron de todo un poco, de música, cine, deportes y amores pasados. Fernando le pregunto a Susana por qué estaba sola.
- Porque no tengo suerte con los hombres- dijo ella
- ¡De en serio!- respondió Fernando asombrado
- Si- dijo secamente- todos los hombres con los que he salido buscaban algo casual y como yo no quería compromiso, disfrutaba el poco tiempo que pasaba con ellos.
- Yo tampoco tuve una relación seria pero ahora me gustaría estar con una mujer bella, madura e inteligente como vos.
Susana se sonrojo y no supo que contestar y por eso se quedo callada pensando que decir.
Terminada la cena se fueron a caminar al parque Las Heras que estaba cerca de ahí, compraron un helado y se sentaron bajo la luz de la luna a comerlo. Después de terminarlo se fueron a caminar por el parque y en el momento menos pensado Fernando tomo de la mano a Susana y le dio un beso francés que la dejo muda. Ese gesto inesperado del muchacho produjo cosquillas en el estómago de ella y una especie de hormigueo le recorrió todo el cuerpo.
Con el correr de los días la relación entre ellos se fue afianzando y ambos decidieron blanquear su relación en el trabajo. Esta era más que evidente para todos sus compañeros que ya se habían dado cuenta por las caritas felices de ambos y además por como los dos se decían cosas a través de una simple mirada.
Lo que nadie sabía era que un antiguo amor de Susana volvería a su vida. Hacía años que no veía ni sabía nada de Arturo, un hombre casado que había conocido hacía muchos años en la oficina y con quien había mantenido una relación casual llena de fuego y locura. Un momento de pasión con él era tocar el cielo con las manos.
Arturo era un hombre maduro de pelo negro y un cuerpo musculoso, fruto de largas horas en el gimnasio. Este era un gran amante sabía como seducir y amar a una mujer así como también sabia como hacer que ella llegara al máximo placer.
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